|
Los
métodos de 'planificación familiar' para nuestros animales
de compañía son esenciales para evitar camadas no deseadas,
además de algunas enfermedades. En este reportaje vamos a abordar
las técnicas de control reproductivo orientadas a controlar la
natalidad en las hembras.
Las perras tienen su primer celo entre
los seis y los nueve meses de edad. Las razas más grandes suelen ser más
tardías y, en algunos casos, pueden no presentar celo hasta los 18 meses.
Su comportamiento sexual cíclico se caracteriza por la
presencia de nuevos celos cada seis meses, aunque pueden existir variaciones.
El celo puede durar de una a tres semanas; la hinchazón de la vulva y
las descargas vaginales son típicas en esta etapa del
ciclo reproductor de la perra, estas últimas se evidencian más densas
al inicio y más escasas hacia el final. En el momento de la ovulación
la hembra empezará a atraer a los machos, incluso a distancias considerables.
Diferencias entre perras y gatas
En las gatas los ciclos son estacionales. En el
hemisferio norte suelen comenzar en enero, con un máximo en marzo o abril,
no teniendo ciclos entre octubre y diciembre. El comienzo del celo está
controlado por los niveles de luz, el llamado fotoperiodo,
aunque pueden existir grandes variaciones por la presencia de otras hembras
en la casa o el vecindario. El celo suele durar de dos a cuatro
días. Si bien se presenta cada quince o veinte días, no es raro
ver gatas en las que el celo es constante a lo largo de todo el año.
Hay que tomar en cuenta que la liberación del óvulo maduro no es un proceso
espontáneo como en los perros, sino que está estimulado por el apareamiento.
Los signos típicos de celo en las hembras felinas son la inquietud,
la ansiedad, y las llamadas estridentes
a los machos. No se presentan ni las descargas vaginales, ni la hinchazón
de la vulva que vemos en las perras. Las razas de pelo corto suelen ser
más precoces que las pelo largo, aunque como referencia podemos decir
que el primer celo suele presentarse entre los seis y los nueve meses
de edad.
¿Quirófano o farmacia?
Existen dos clases de medidas para evitar celos y preñeces no deseadas:
las opciones quirúrgicas y las farmacológicas
u hormonales. La llamada castración quirúrgica es sin duda el
método más popular de control de la natalidad en las
hembras de ambas especies. Además de ahorrar al propietario todas las
molestias asociadas al celo (dependiendo del método empleado), contribuye
a evitar la aparición de determinadas enfermedades propias de este sexo.
La ovariohisterectomía
es la opción más recomendable si no se tiene intención de que la
hembra se reproduzca en el futuro. Esta cirugía consiste en la extirpación
de ovario y útero. Es necesario practicarla con anestesia
general, pero la recuperación es muy rápida: en un par de días
puede volver a su vida normal.
Grandes ventajas
Gracias a la ovariohisterectomía, que es la técnica más utilizada,
la hembra no tendrá más el comportamiento asociado al celo (escapadas,
marcación del territorio, aullidos, etc.) y el riesgo de padecer cáncer
de mama se reduce significativamente, sobre todo si la castración
ha sido temprana (antes del primer año de vida). No es recomendable que
esta cirugía se realice de muy cachorro porque hay evidencias de problemas
de incontinencia urinaria.
También la posibilidad de padecer diabetes
se reduce, ya que este trastorno endócrino puede estar relacionado a los
cambios hormonales de las hembras no castradas. Además, se elimina el
riesgo de padecer trastornos uterinos como el caso de la piómetra
(pus en el útero) que incluso puede llevar a la muerte del animal. Los
falsos embarazos también se pueden controlar con la esterilización quirúrgica.
Además, como comentábamos anteriormente una hembra castrada
no intentará escaparse, con los peligros de pérdida, accidentes o robos
que esto conlleva. Es frecuente que notemos un cambio de carácter tras
la operación: tendrá más apetito y estará más tranquila,
pudiendo ganar algunos kilos de más, pero esto se soluciona con ejercicio
diario y una dieta baja en calorías.
Otros métodos quirúrgicos
También es posible practicar la ovarioectomía que consiste en
la extirpación de los ovarios, manteniendo al útero intacto. La desventaja
de este método es que estas hembras quedarán susceptibles a padecer problemas
uterinos graves como es el caso de metritis o piómetras
lo que incluso puede hacer necesario una segunda intervención quirúrgica
para corregir el trastorno.
La ligadura
y/o sección de trompas uterinas es una técnica de esterilización
donde actuamos impidiendo el trayecto normal
de los óvulos generados en el ovario, lo que se traduce en una imposibilidad
de que los mismos sean fecundados. La hembra continua teniendo las mismas
funciones endocrinas y exócrinas,
por lo que no se evidencia ningún cambio comportamental. Incluso
seguirá presentando celo, con sangrado y aumento de tamaño de la vulva
en el caso de las perras y continuará atrayendo a los machos, pero sin
ser posible la preñez. También contamos con otra maniobra quirúrgica,
la histerectomía, que consiste en la extirpación de cuernos
y cuello del útero.
Control hormonal
Por otra parte existen en el mercado productos hormonales que actúan interfiriendo
en el ciclo estral de la hembra, impidiendo la concepción. Pueden administrarse
por vía oral o a través de inyectables, estos últimos tienen una
acción más prolongada. Los métodos hormonales no son siempre completamente
fiables, depende de en que momento del ciclo de la hembra son administrados,
de la época del año, de las particularidades de la especie o raza, o si
convive con otras hembras.
Tienen la ventaja de ser reversibles por lo que son
recomendables si van a ser usados por cortos periodos de tiempo, durante
unas vacaciones, si dejamos a nuestra mascota temporalmente en una residencia,
para ir a una exposición o si nos interesa que tenga una camada en un
futuro.
No conviene su utilización por más de dos años seguidos y son necesarios
períodos de descanso. Hay que tomar en cuenta los efectos
secundarios de estos métodos a largo plazo. Por los efectos hormonales
existirá una mayor predisposición a contraer infecciones uterinas
como una piómetra o una metritis, diabetes
o tumores mamarios.
Lo recomendable es que siempre sean administrados por un
médico veterinario que controle el proceso, y suministre la dosis necesaria,
en la etapa del ciclo reproductor en donde estos tratamientos reportan
mayor eficacia. Por último es importante recalcar que, al contrario de
lo que pudiera pensarse, la hembra no sufrirá ningún tipo de trastorno
psíquico o físico si no se reproduce y que, lejos de perjudicar
a nuestra mascota, estamos tomando una decisión que nos convierte en propietarios
de animales de compañía responsables.
Reportajes recomendados:
Control
reproductivo de nuestras mascotas: machos
¿Es
conveniente esterilizar a los animales?
Redacción/Facilisimo.com |