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La
adaptación al medio no siempre se produce bajo las mejores condiciones
y, generalmente, cualquier cachorro
necesita unos meses hasta que se acostumbra al ritmo de vida de sus dueños.
Hay veces que esta adaptación se ve interrumpida o dificultada
por fenómenos en los que antes no habíamos pensado. Todos
los agentes externos pueden suponer una amenaza en mayor
o en menor medida. Uno de estos factores que pueden llegar a ocasionar
trastornos en el comportamiento y en la salud de nuestros animales de
compañía es el ruido.
Los humanos no somos los únicos a los que los sonidos estridentes
molestan. Perros, gatos y cualquier mascota puede sufrir ante las tormentas,
los fuegos artificiales y algunos de los molestos ruidos que se
generan en la urbe, como los del tráfico. En los animales
de compañía pueden darse desórdenes emocionales e
incluso, pueden padecer depresiones
y estrés.
Las grandes capitales suponen, en ocasiones, una prueba muy dura para
los nervios de nuestros mejores amigos.
Cambios en la conducta
No
es difícil darse cuenta de cuáles son las reacciones
más repetidas, por ejemplo, en los perros: aumento de la presión
sanguínea, respiración más acelerada de lo normal,
pupilas que se dilatan, un incremento en la salivación, temblores
momentáneos, cansancio repentino, etc. El cuerpo del perro queda
en tensión y éste puede desde ponerse a ladrar
y empezar a moverse aleatoriamente de un sitio a otro e incluso buscar
refugio saltando a nuestros brazos hasta escondiéndose utilizando
nuestro cuerpo como escudo.
En estos casos debemos tranquilizar a nuestra mascota, pero nunca
dándola mimos. Por asociación, el perro asume los gestos
de afecto como un premio
y lo último que queremos es que el animal piense que nos parece
acertado el hecho de que reaccione con miedo ante los estímulos.
El
primer paso es conocer cuáles son los ruidos que desestabilizan
la paz de nuestra mascota. Un análisis basado en la simple observación
del modo en el que actúa tras escuchar sonidos molestos
y muy altos, bastará para hacerse una primera idea del comportamiento
de la mascota. A partir de ahí, podremos anotar si este tipo de
rechazos se incrementan o decrecen.
Algunos de los ruidos que suelen desconcertar en un primer instante al
perro, y a los que la rutina diaria conseguirá acostumbrar, tienen
que ver con alarmas como las de ambulancias, bomberos, policía
o los sonidos del tráfico: un claxon, frenadas, tubos de escape,
etc. Otros ruidos que pueden asustar a la mascota son, por ejemplo, los
petardos en las fiestas, algunos instrumentos musicales de percusión,
electrodomésticos como el secador y la aspiradora, entre otros.
Miedo, ansiedad y fobia
El miedo ante los ruidos no debe tomarse a broma puesto que puede poner
a nuestro perro ante situaciones de gran riesgo si el temor llega a establecerse
como una conducta crónica. Lo que a nuestros ojos se ve
como un pequeño susto, a nuestra mascota le puede acarrear ansiedad
e, incluso, una fobia irreversible. Puede que el animal se esconda y busque
refugio, pero también puede darse el caso de que, arrastrado por
los nervios y el descontrol, comience a romper objetos o intente escaparse
de casa.
El pánico lleva a los animales a sentirse amenazados por
un peligro que intuyen pero que, evidentemente no es real, puesto que
procede de un ruido aislado, como puede ser un trueno o la sirena de una
ambulancia. Este tipo de sintomatología puede acarrear traumáticos
desenlaces para el perro puesto que actúa como si no fuera dueño
de sus actos.
Después del análisis sobre los ruidos que le afectan en
mayor o en menor medida, sabrás a ciencia cierta si tu mascota
puede superar su fobia o no con los juegos y los remedios naturales. Si
las situaciones de temor continúan, el mejor consejo siempre es
la visita al veterinario. Puede que el especialista te recomiende
que le des a tu animal de compañía un ansiolítico
instantes previos al desarrollo de unos fuegos artificiales, un desfile,
etc.
Enséñale a no tener miedo
Se trata por tanto de un problema difícil en el que habrá
que invertir mucha paciencia. Existen varias técnicas y trucos
que pueden ayudarte a la hora de convencer a tu mascota de que los ruidos
son algo con lo que tendrá que aprender a convivir. Por ejemplo,
si se ha pronosticado una tormenta, puedes llevar a tu perro a hacer ejercicio
para incrementar el nivel de serotoninas en sangre, un sedante
natural que le ayudará a estar más relajado.
Existe
una técnica llamada insensibilización sistemática que juega con la intensidad del estímulo. Podemos ponerla en práctica
para ir reduciendo las reacciones desmedidas de nuestra mascota. Es tan
sencillo como grabar algunos de los ruidos que más incomodan al
animal y reproducirlos durante una actividad que sí sea agradable
para él, como jugar con la pelota, mientras come, etc. Si reproducimos
estos sonidos a un volumen bajo y el perro reacciona ignorándolos,
podemos ir aumentando la intensidad y conseguiremos finalmente que se
acostumbre a los mismos y el temor desaparezca.
Si te es imposible grabar estos ruidos o conseguir algún CD con
estos efectos, siempre puedes contrarrestarlos con la televisión
o la radio, así los aminorarás. Es importante que lo distraigas
jugando con él, además de esta forma y con el tiempo,
las situaciones no sólo no molestarán a tu perro, sino que
además deseará que tengan lugar para jugar más a
menudo con su dueño.
Redacción/Facilisimo.com
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